Oye, ¿alguna vez te has parado a pensar por qué trabajas como loco y al final del mes sientes que nada cambia? Yo sí. Recuerdo cuando yo andaba en eso: madrugadas enteras en la oficina, ahorrando cada peso, pero las cuentas seguían subiendo y esa tranquilidad que uno sueña parecía un chiste.
Es como si algo invisible te jalara para atrás. Pues, hoy quiero platicarte algo que a mí me abrió los ojos. No es solo sobre presupuestos o suerte. Tiene que ver con algo más profundo, espiritual. Y sí, voy a tocar un tema que muchos evitan: la masturbación.
No te asustes, no vengo a juzgar. Solo a charlar como amigos, porque esto podría ser la llave para que las bendiciones fluyan en tu vida.
Nuestro cuerpo, como un hogar sagrado
Mira, la Biblia lo dice clarito en 1 Corintios 6:18-19. Pablo anda diciendo: «Huyan de la inmoralidad sexual. Porque el que comete inmoralidad sexual peca contra su propio cuerpo. ¿O no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo?». Yo lo leo y pienso: wow, qué fuerte. Nuestro cuerpo no es solo carne y hueso. Es como la casa donde vive Dios en nosotros.
Y cuando uno se mete en hábitos como la masturbación, parece algo rápido, sin daño. Pero no. Te quita energía, te deja con una culpa que pesa, y de a poco va armando un muro entre tú y lo que Dios quiere darte. ¿Te ha pasado que después sientes que no mereces algo bueno? Eso pasa.
Afecta todo: tu ánimo, tus decisiones. Imagina que estás en el supermercado, con el carrito lleno, y de repente ves algo que quieres, pero dudas y lo dejas. Así es en lo grande también, con el dinero y las oportunidades.
La prosperidad real, la que dura
Pero espera, no todo es drama. La Biblia pinta un cuadro lindo en el Salmo 1: «Bienaventurado el que no sigue el consejo de los malos… Su gusto está en la ley del Señor… Será como árbol plantado junto a corrientes de agua, que da fruto a su tiempo y todo lo que hace prospera».
¿Ves? No habla de millones de la noche a la mañana. Habla de una vida que crece firme, con frutos en su momento.
En mi experiencia, cuando empecé a poner orden en lo espiritual –buscando esa santidad en lo chiquito–, las cosas cambiaron. No fue magia. Fue como regar una planta que ya estaba ahí. De repente, una idea para un negocito extra, o un amigo que te recomienda un trabajo mejor.
¿Y tú? ¿Sientes que tu esfuerzo no rinde? Tal vez sea hora de chequear qué está tapando el sol en tu jardín interior.
Ese sabotaje calladito que duele
Ahora, vamos al grano. Mucha gente –yo incluido, en sus momentos– cree que el lío con el dinero es puro azar: la economía, el jefe injusto. Pero a veces, hay un pecado chiquito, escondido, como la masturbación, que te roba fuerza. Te deja ansioso, inseguro. Y el enemigo, ese, aprovecha para meter la pata: un contrato que se cae a último minuto, o el sueldo que se va en tonterías para tapar el vacío.
Piensa en tu rutina. Sales de trabajar, cansado, y en vez de planear cómo ahorrar, terminas gastando en un antojo. ¿Por qué? Porque adentro hay ruido. No es que seas flojo. Es que la base tiembla. Pero oye, reconocerlo ya es un paso enorme. No estás solo en esto.
La buena noticia: hay salida, y es con Jesús
¡Uf, menos mal que no termina ahí! Jesús ya nos dio el mapa para salir. En Deuteronomio 28, Dios promete: «Si escuchas mi voz y obedeces… te bendeciré en la ciudad y en el campo… Serás cabeza, no cola». Es como un pacto familiar: haz lo tuyo, y yo cubro el resto.
Yo lo probé. Confesé, pedí ayuda, y poco a poco, las puertas se abrieron. No fue perfecto –a veces recaí–, pero la gracia de Dios es más grande. ¿Qué tal si hoy pruebas? Habla con Él, como a un pana. Busca a alguien de confianza para que te acompañe.
Lee un versito al día. Verás cómo el estrés baja y las ideas fluyen. En Latinoamérica, con tanto laburo y familia, esto nos cae como anillo al dedo.
Vamos, elige el camino ancho
Al final, amigo, si esto te movió algo adentro, es por algo. Dios no te deja en el hoyo. Toma esa decisión hoy: suelta lo que te ata y abraza la vida abundante que te toca. Comparte esto con un cuate que lo necesite. ¿Qué piensas? Déjame un comentario, cuéntame tu rollo. Y si te late, suscríbete para más charlas así.
Que Dios te bendiga, de verdad. Un abrazo.